Primeros Simbolos

23 de octubre de 2025

Siempre he sentido una profunda fascinación por los símbolos y su impacto en nuestras acciones y en la vida misma. Esta atracción me ha llevado a lo largo de mi existencia no solo a analizar el valor de los símbolos que me rodean, sino también a la necesidad de forjar mis propios símbolos, aquellos que guíen mi camino hacia el hombre íntegro que aspiro a ser. En este recorrido, he identificado muchos símbolos que considero negativos, aquellos que me conducirían por sendas indeseadas o a destinos nefastos. En contraste, son muy escasos los símbolos que encuentro realmente valiosos para explorar, comprender e intentar seguir.

Los Primeros Símbolos

Los primeros símbolos que un niño percibe son sus propios padres, figuras vivientes cuyas acciones marcan simbólicamente nuestras vidas. Aunque los padres representan los símbolos más fuertes, abstractos y presentes, a menudo resultan por su relevancia o cercanía, figuras demasiado complejas para la comprensión temprana de un niño. Es por esto que quizá uno a esa edad, encuentre refugio en símbolos más simples. En mi caso, otros familiares.

Entre estos símbolos familiares, quizá puedo poner de ejemplo 3 que me marcaron profundamente más allá de mis padres: Mis tías, Doris y Maritza, y mi hermano Fernando.

  • Mi refugio.
    Doris, una de las hermanas de mi padre, fue una figura clave en mi infancia, fuerte y frágil a la vez. Era una mujer exitosa, vicepresidenta de una de las empresas de seguridad más importantes de la región. Era una madre dedicada y cariñosa. En su casa, no había diferencia entre sus hijas (mis primas) y yo; ella y su esposo (mi tío) me hacían sentir como su propio hijo. En un momento en que mi núcleo familiar se desmoronaba por el divorcio de mis padres, en medio de peleas y mudanzas, su casa se convirtió en mi refugio, en cierto modo, en mi hogar. De tía Doris, quizás aprendí el valor esencial de la familia.

  • La Resiliencia
    En mi adolescencia, por cuestiones del destino perdí a Doris en un fatal crimen, así que me acerqué más a mi Maritza, la otra hermana de mi padre, de quien aprendí la lección vital de la resiliencia. Maritza, fue una profesional exitosa en su trabajo y en su vida familiar. Era el orgullo de mi abuela, ganadora de la beca ayacucho la cual la llevó a estudiar en Francia y entrar en la industria petrolera. Llegó a ser una alta ejecutiva de PDVSA, alcanzando uno de los cargos más importantes de la industria, siendo incluso condecorada con la Orden al Mérito del Trabajo entregada por el propio presidente de Venezuela a muy pocas personas en mi país. Y similar a Doris, logró formar una hermosa familia, el propio ejemplo del éxito. Sin embargo, fue una de las pocas personas que se plantó frente a Chávez en defensa de la industria petrolera. Para entonces Chávez había ordenado irresponsables cierres de campos petroleros poniendo en riesgo la correcta producción y la protección medioambiental con el objetivo justamente de tener la excusa para hacer una purga dentro de la industria. Un día, con sus objetivos logrados, Chávez en cadena nacional, nombró a mi tía junto a centenares de personas como traidores a la patria y los despidió en lo que fue la purga de más de 20.000 empleados petroleros, y con ello tomando el control absoluto de toda la industria. Tras su injustificado despido, le negaron todo tipo de beneficios como su liquidación o jubilación. Además, Chávez la incluyó en una lista negra, la llamada “lista Tascon”, exhortando a todas las empresas del país a no contratarla. A pesar de ser tratada cual traidora a la patria, ella siguió adelante.

    Para sostenerse los primeros meses, emprendió un negocio de quesos, levantándose de madrugada para buscarlos y distribuirlos. Rápidamente se reinventó en el negocio inmobiliario y, gracias a su merito y vasta experiencia administrativa, se convirtió en asesora de otras empresas. Nuestras conversaciones, breves pero profundas, me enseñaron sobre gerencia, administración y emprendimiento. Ella me impulsó a emprender por mí mismo y me regaló una edición sin censura de El Manantial de Ayn Rand, un libro que me marcó filosóficamente y me inculcó la idea de nunca conformarme con lo mediocre, incluso cuando lo mediocre es la norma.

  • Fernando, Mi Hermano, la dualidad.
    Antes de hablar de mi hermano Fernando, debo recalcar cuánto lo amé. Lamentablemente, murió asesinado como consecuencia de su propia condición. Mi hermano fue una persona con una vida de vicios y adicciones a casi todo: desde muy joven, el juego y las apuestas, seguido por el alcohol y una larga lista de drogas (marihuana, cocaína, perico o paco, heroína, y más). Mi madre y mi familia hicieron todo por él: pasó por el ejército e innumerables rehabilitaciones. Se le proporcionó todo para que prosperara: educación, casa, carros, dinero. Sin embargo, lo destruyó todo: nunca terminó el bachillerato, vendió el carro por partes, desmanteló la casa hasta de sus cables eléctricos para conseguir dinero y seguir drogándose. Sus últimos meses de vida los pasó como un indigente, hurgando en la basura y robando, incluso a sus propios vecinos. Hubo un intento de linchamiento público por parte de los vecinos (algo común en los barrios ante la alta criminalidad y la ausencia policial), y se rumorea que su muerte fue un ajuste de cuentas.

    A pesar de narrar todo esto, me enseñó algo muy importante, que quizás se refleja en todas estas figuras o símbolos de caos y rebeldía: Cuestiónalo todo, sé rebelde, nunca agaches la cabeza.

    Gracias a mi hermano, aprendí a montar a caballo cuando apenas ni sabía caminar. A pesar de que mis padres se lo prohibían. Su espíritu rebelde y aventurero asumía el riesgo, y cabalgábamos juntos, explorando senderos en la finca y entre los bosques. Eran acciones que yo, por mí mismo, no habría realizado por miedo a un simple regaño o a un accidente. Mi frente aún guarda la marca de esos momentos. Un día, el caballo se desbocó y, al pasar por debajo de unos cables, uno de ellos se enredó en mi cabeza y me arrojó al suelo, provocándome una herida en la frente. A pesar del accidente, ¡valió la pena! Salir de la zona de confort, explorar, aventurar y hasta sufrir, ¡eso es vida!

    Compartir con un hermano mayor es un privilegio, pues es una guía y una figura de seguridad en los primeros pasos y desafíos de la vida. Puede ser un incentivo para aventuras que jamás emprenderías solo, o incluso para problemas en los que lógicamente nunca te meterías. Un hermano mayor es esa figura que te reta y que, con cada aventura, pelea, enseñanza, discusión y consejo, te ayuda a convertirte en la persona capaz y fuerte que eres.

    Mi hermano me enseñó a ser rebelde y aventurero, a entender que no importa el desafío o el miedo que provoque, ¡simplemente hazlo!

    Gracias Fer.

Conclusión

Para concluir, quisiera traducir estas experiencias en virtudes que me rodean como luces en mi hacer.

En la voluntad inquebrantable reconozco la fuerza que vi en Doris y Maritza, esa energía interior que les permitió seguir luchando después de cada caída y que hoy trato de aplicar en mi propio camino.

En la disciplina y el pensamiento crítico veo las enseñanzas de gestión y la actitud de "no conformarse con lo mediocre" que ellas me legaron, orientando la energía de mi rebeldía hacia una forma más digna y constructiva.

En la gestión del tiempo y las prioridades contemplo el contraste entre la disciplina de mis tías y el desorden autodestructivo de mi hermano, y desde ahí intento organizar mi vida para no desperdiciarla.

En la materia prima imperfecta reconozco tanto el potencial truncado de Fernando como mi propia naturaleza defectuosa, y al decidir no repetir su destino asumo por fin el trabajo de moldearme a mí mismo con esfuerzo y razón.

En el refugio y el apoyo identifico la casa de mi tía Doris y su familia, ese lugar seguro que me sostuvo cuando mi hogar se desmoronaba y que me dio la fuerza para seguir en pie.

En la rectitud de juicio sitúo mi decisión de amar a mi hermano sin justificar su camino, escogiendo conscientemente qué ejemplos seguir y qué sendas evitar, incluso cuando nacen de quienes más he querido.

En el establecimiento de límites encuentro la frontera que pongo a mis pasiones y dolores, para que la rebeldía que heredé no me destruya, sino que se convierta en coraje responsable y búsqueda sincera de verdad.

En estas vivencias he encontrado mi marco de referencia en pos de ser un hombre íntegro.