Invictus

23 de octubre de 2025

Sol invictus. 

A pesar de que considero haber tenido una buena vida, he enfrentado períodos muy oscuros y algunos de extrema violencia. Es en uno de estos periodos que hallé un elemento que utilizó como arma para enfrentar cualquier adversidad. elemento que me ayuda a atravesar la oscuridad y encontrar la luz siempre. Pero para comprender el impacto de este hallazgo, es necesario detallar el contexto histórico y personal de aquel oscuro momento.

El hundimiento.

La lucha por la libertad en Venezuela se remonta a los intentos de golpe de Estado de Chávez en 1994, cuando yo apenas tenía cinco años. Ya en ese momento, el colapso institucional y una peligrosa nostalgia por los regímenes dictatoriales eran palpables. Al fracasar en tomar el poder por la fuerza, Chávez optó por la vía democrática y electoral. Una vez investido, capitalizó la efervescencia electoral para desmantelar el sistema mediante una Asamblea Constituyente, instaurando así la Quinta República a su medida.

Los años subsiguientes, 2001, 2002 y 2003, estuvieron marcados por la violencia. El país se sumió en un sangriento enfrentamiento entre la población civil, la policía, el ejército, la industria y los sindicatos. Paralelamente, la criminalidad se disparó, catapultando a Venezuela a los primeros puestos de los países más violentos. Yo era un niño entrando a la adolescencia; aunque el panorama no era del todo claro para mí, la sensación de que las cosas iban mal era innegable. La gravedad de la situación me tocó directamente en 2006, cuando fui víctima de un intento de secuestro, del cual logré salir ileso gracias a mi serenidad y determinación.

Lentamente el país se sumergió en un profundo período de anomia. Se produjo una degradación generalizada de los valores, las instituciones y la infraestructura nacional, consolidando la mediocridad y la corrupción como la "norma pretoriana" sobre la que se sustentaba el sistema.

El colapso total del país se aceleró con la muerte de Chávez y la llegada de Maduro al poder. Este cambio desencadenó un estallido social sin precedentes. Para ese momento, mi carrera se centraba en los medios, ejercía como fotógrafo editorial, producía dos programas en una emisora de radio reconocida y colaboraba con artículos de opinión política para varios medios. Mi análisis de las controvertidas elecciones de Maduro en 2013 se viralizó, lo que aumentó aún más mi visibilidad. Sin embargo, esta exposición también trajo consigo amenazas directas a mi persona y mi familia. A pesar de todo, nunca dejé de escribir.

El contexto de las protestas de 2014 me llevó a convertirme en un activista universitario. Junto con un grupo de amigos, organizábamos las manifestaciones desde nuestra universidad. Esta actividad provocó algunas incursiones de las fuerzas represivas dentro de la institución. Aunque temía posibles represalias de la universidad —una suspensión o, peor aún, la expulsión—, ocurrió algo aún más extraño. Uno de los decanos me hizo una enigmática invitación: "una hora, una calle y un timbre". Mi mente se llenó de los peores escenarios: un arresto, un secuestro o, como a tantos otros, una simple desaparición. Solo la confianza en la persona que me había dado la dirección me infundió el valor necesario para asistir a la cita.

La Lucha.

Lleno de incertidumbre, asistí a mi misteriosa cita a las 8 de la noche en un edificio desconocido, sin haberle dicho a nadie. Al llegar y tocar el timbre, fui recibido por un hombre mayor y una mujer más joven, quienes me guiaron a un salon.

En el salon ya se encontraban unas doce personas, incluyendo al decano que me había extendido la invitación. Lo más inusual, y siguiendo su consejo, fue que mantuvimos el anonimato: solo conocía la identidad de quien me invitó. Sin embargo, logré deducir que los dos anfitriones militaban en partidos de oposición, presumiblemente Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia.

La reunión tenía como eje central la Lucha No Violenta. Fui seleccionado, junto a otras figuras influyentes del movimiento estudiantil, para recibir formación en esta área.

El curso, de modalidad intensiva, se llevó a cabo a lo largo de una semana en diversas ubicaciones secretas y aleatorias. Se enfocó en el estudio de la resistencia civil, estructurado en tres áreas clave:

La formación integró los fundamentos teóricos de la resistencia civil, basados en la satyagraha de Gandhi y los métodos de acción no violenta de Gene Sharp, con el análisis de casos históricos en Kosovo y Serbia para entender la importancia de las estructuras paralelas, y la visión de post-conflicto inspirada en Nelson Mandela, que enfatiza la resiliencia y la reconciliación necesarias para construir una sociedad justa.

Ese año estuvo marcado por una violencia atroz que desvirtuó el movimiento social, dejando tras de sí una estela de caos, represión y dolor que viví de cerca. Sin embargo, de aquel oscuro periodo rescaté la historia de Mandela y su inquebrantable firmeza en prisión, sostenida por un poema que se convirtió en mi mantra personal. Estas palabras encapsulan la resiliencia del espíritu humano y me recuerdan que la luz de la libertad justifica cualquier sacrificio, sirviendo como un ancla de fe y esperanza en mis momentos más difíciles.

"Invictus" - William Ernest Henley

Fuera de la noche que me cubre,

Negra como el abismo de polo a polo,

Agradezco a cualquier dios que pudiera existir

Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia

Ni he gemido ni he gritado.

Bajo los golpes del azar

Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas

Es inminente el Horror de la sombra,

Y sin embargo la amenaza de los años

Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,

Cuán cargada de castigos la sentencia.

Soy el amo de mi destino:

Soy el capitán de mi alma

En conclusión, ahora interpreto la dualidad de los contrastes de la vida como una alegoría del pasaje a través de las tinieblas, un Sol Invictus que muere y renace en un ciclo continuo. Representa ese renacimiento del ave fénix tras la muerte, esa resurrección que da forma a un nuevo hombre, y este poema es mi mantra mientras atravieso las tinieblas.